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Las deshonrosas listas que Colombia encabeza.

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Por: Edwin Palma Egea

 

El nuestro es uno de los países más desiguales, donde los trabajadores son peor tratados y remunerados y la persecución y la violencia contra el sindicalismo es mayor

 

El nuestro es uno de los países con mayor déficit de trabajo decente, es decir, aquí la explotación laboral es cotidiana y costumbre arraigada.

 

Y lo dice de nuevo en el 2016 la Confederación Sindical Internacional —CSI—, que nos califica en la lista de aquellos en donde se vulneran más los derechos de la población trabajadora.

 

De nuevo el Índice Global de los Derechos de la CSI muestra que el acceso a trabajos decentes se viene estrechando en todo el mundo, en ocasiones con fuertes campañas de represión contra el derecho a las libertades asociación, de expresión y de reunión. Los diez peores países para los trabajadores y trabajadoras este año son Qatar, los Emiratos Árabes Unidos, Turquía, China, India, Camboya, Belarús, Irán, Guatemala y Colombia. Otros países han descendido en su clasificación este año, incluyendo Indonesia (del 4 al 5), Paraguay (del 3 al 4) y Bélgica (del 1 al 2).

 

Dice el informe en uno de sus apartes, que: “Pese a que hay un país menos donde los trabajadores perdieron la vida por sus actividades sindicales, el número de países donde los trabajadores/as se exponen a la violencia se incrementó de 36 en 2015 a 52 en 2016. (…) Los países donde los trabajadores y trabajadoras se han enfrentado a las peores formas de violencia, incluyendo asesinatos, amenazas, secuestros y violencia física, incluyen Egipto, Colombia, Guatemala, Honduras, Indonesia y Ucrania.

 

Reclamar mejores condiciones de trabajo convierte a los trabajadores en el blanco tanto de las fuerzas de seguridad del Estado como de matones contratados por las empresas.”

 

Por otro lado, de nuevo el Banco Mundial acaba de registrar que Colombia es el segundo país más desigual del continente. El informe señala que entre los 14 países más desiguales en el mundo figuran Honduras en el puesto número 6, le siguen Colombia en el 7, Brasil (8), Guatemala (9), Panamá (10) y Chile. “En Colombia el 10% de la población más rica del país gana cuatro veces más que el 40% más pobre. A pesar de que la pobreza ha caído desde 2002 en adelante, la desigualdad se mantiene constante”, se destaca en la publicación.

 

Sobre la desigualdad en Colombia, Thomas Piketty autor del bestseller El capital en el siglo XXIafirmó en su reciente visita sobre la desigualdad en nuestro país: Es muy sorprendente el resultado de un estudio que usa datos de declaraciones de impuestos y muestra como este país tiene probablemente el nivel más alto de concentración de recursos en el uno por ciento más rico de la población. Además, porque esta información puede estar subestimando la realidad dado que los datos del impuesto sobre la renta no son perfectos, debido a la evasión.”

 

Colombia suma tres características que se relacionan: es de los países más desiguales, donde los trabajadores son peor tratados y remunerados y la persecución y la violencia contra el sindicalismo es mayor. Veamos:

 

Hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI), al que no se le puede acusar de populismo o castrochavismo, defiende que los sindicatos son los principales instrumentos para combatir la desigualdad.

 

Por ello, en los países donde se garantizan los derechos laborales y sociales las brechas de desigualdad son cada vez menores y donde no se garantizan derechos fundamentales como la asociación sindical, los índices de desigualdad son cada vez mayores. El estudio fue concluyente: “la mayor sindicalización en la industria, la mayor formación de los trabajadores y el mayor gasto del Estado ayudan a reducir la distancia entre los salarios más altos y los más bajos”.

 

Si se comparan los datos más recientes sobre tasa de sindicalización en el mundo con el Índice de Desarrollo Humano –IDH- para 28 países clasificados en distintas categorías según la CSI, se encuentra una correlación positiva entre estas dos variables. Esto sugiere que la tasa de sindicalización puede ser uno de los factores que mejor explique que el índice de desarrollo humano de un país sea alto.

 

Otro estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI) para los países más desarrollados muestra que aquellos con tasas de sindicalización más bajas tuvieron incrementos más elevados en la participación del 10% más rico en el ingreso total. El FMI concluye que el principal factor que explica la mayor concentración del ingreso en el 10%, y el consiguiente deterioro de la desigualdad, es la caída en la tasa de sindicalización y en consecuencia en la negociación colectiva.

 

En Colombia opera ese modelo pro-rico en el que muchas medidas fiscales, tributarias o políticas se usan para favorecer al 0.1 más rico, manteniendo al mismo tiempo contenidos el valor de los salarios, restringidas las libertades sindicales e impune la persecución sistemática que viven los sindicatos diariamente.  En consecuencia, la tasa de sindicalización es muy pequeña, 4,6 de cada 100 trabajadores están sindicalizados y persiste una legislación laboral sindical caduca e inconstitucional que impide la representatividad efectiva de grandes organizaciones sindicales o la negociación colectiva por rama.

 

Fuertes y representativas organizaciones sindicales contribuyen a reducir las brechas de desigualdad aumentando los salarios y las garantías laborales de los trabajadores cubiertos por la negociación colectiva y, de esta forma, mejorando la distribución del ingreso frente a los dueños del capital.

 

Mientras en Colombia empresarios y economistas ortodoxos están escandalizados porque se surte el debate legislativo que devuelve a los trabajadores sus recargos nocturnos y dominicales señalando que afectará a la economía y la productividad, no existe evidencia empírica  en la literatura y en la experiencia internacional  que sirva de sustento a semejante afirmación.

 

Todos los que trabajamos necesitamos un sindicalismo moderno y representativo en Colombia, para lograrlo necesitamos un marco legal que cumpla los mandatos constitucionales que 25 años después siguen esperando desarrollo. Eso sí, no necesitamos sindicatos que se creen al amparo de la impunidad y de trucos normativos como los que se inventan para la intermediación laboral ilegal con contratos sindicales o para mantener fueros sindicales.

 

Es otro movimiento sindical, grande, de rama, socio–político, con capacidad de incidencia en el mundo del trabajo el que sirve para el gran propósito de combatir la desigualdad en nuestro país y por ello también, es el mismo sindicalismo el que se debe plantear una autorreforma sindical, de la misma que nos ha propuesto la Central Sindical para las Américas.

 

Clinica San Jose
Colegio Los Andes
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