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Necesitamos liderazgo sindical para la paz.

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Por: Edwin Palma Egea.

 

La terminación del conflicto armado en Colombia con la insurgencia más vieja del mundo parece que no tiene reversa. Pactado el cese al fuego bilateral y el mecanismo para la refrendación de los acuerdos, no nos queda sino la votación del plebiscito.

 

La Encuesta de Opinión Sindical del año 2015 (VER AQUI) realizada por la Escuela Nacional Sindical demostró que los directivos de los principales sindicatos colombianos están divididos frente al tema de paz y eso es preocupante. Uno creería que la abrumadora mayoría de los trabajadores deberían respaldar los acuerdos por considerar que son una oportunidad para mejorar las relaciones laborales, para que los derechos de los trabajadores se vuelvan tema de importancia nacional y el derecho de asociación sea piedra angular en el posacuerdo. Pero todavía eso no es así.

 

Tan solo el 60 % de los dirigentes sindicales del país tienen una opinión favorable del proceso de paz. El 52 % de los mismos consideran que después de firmados los acuerdos, el sindicalismo tendrá mejores condiciones para cumplir un papel importante en la sociedad y solo un 53 % considera importante que la insurgencia, una vez después de firmados los acuerdos, deban participar en política.

 

Lo anterior demuestra que se necesita urgentemente pedagogía sobre los acuerdos, reconocimiento de las enormes oportunidades que esos acuerdos significan en lo laboral y movilización para hacer la paz realidad.   Es una lástima que todavía nadie esté asumiendo ese papel en el sindicalismo.

 

Necesitamos que todo el movimiento sindical unido, con el apoyo de todo el sindicalismo global, de los centros de apoyo a los trabajadores, de la cooperación internacional, acuerden una gran movilización por la paz y por la agenda laboral y sindical por la paz en Colombia. Que todas las organizaciones de trabajadores actúen unidas para no dejar pasar esta oportunidad histórica.

 

Muchos trabajadores tienen una errónea percepción: “apoyar el proceso de paz es apoyar el gobierno de Santos”.   ¡Falso!    La paz no es de Santos, ni de Uribe, es un derecho del pueblo colombiano.   Algunos sectores sindicales señalan que si el acuerdo no viene acompañado de profundas reformas laborales en favor de los trabajadores no tiene sentido. Otros no entienden la victimización de la que ha sido víctima el movimiento obrero durante más de 50 años de guerra.

 

Por su parte, los empresarios en la ANDI se coordinan. No solo asumieron una postura frente al proceso (VER AQUI), sino que se preparan para el posacuerdo, entendiendo que su aporte no solo es económico, sino político porque entienden muy bien los retos que enfrentarán, las agendas de reformas que todos los sectores sociales están construyendo y que saldrán a las calles a buscar realizar.

 

Los empresarios y los trabajadores colombianos debemos construir la paz en las relaciones laborales y actuar juntos para hacer realidad los derechos de asociación sindical y negociación colectiva, que estas expresiones de dos derechos fundamentales jueguen un papel importante en la construcción de una sociedad que sea capaz de resolver sus conflictos en el marco de la Constitución y la ley.

 

No se trata solo de que los empresarios financien el posconflicto o que generen vacantes laborales para los desmovilizados y las victimas, sino que emprendan el camino de hacer realidad el derecho al trabajo en condiciones dignas y justas, lo que además de ser garantizado por la constitución, es un imperativo ético para el liderazgo nacional.

 

Los empresarios y los trabajadores sindicalizados deben encontrarse y buscar acuerdos fundamentales, entendiendo que siempre habrá diferencias. Que es el momento de refundar esta historia laboral de persecución, de señalamientos, de imposibilidad de grandes acuerdos.

 

Para lograrlo, es necesario un liderazgo sindical que se piense la construcción de grandes sindicatos, que más allá de lo gremial se concentre en el sindicalismo socio– político y vea a su organización como un instrumento político capaz de cambiar el país desigual en el que vivimos.   Debe pensar también en la construcción de un gran partido de los trabajadores que permita expresiones de poder popular como la que alcanzó Lula Da Silva en Brasil y que sacó a millones de ciudadanos brasileños de la miseria y la pobreza e hizo de la educación pública y del trabajo decente su bandera.

 

Necesitamos un liderazgo sindical proponiendo una gran agenda democrática para el país, un plan de reparación colectiva para el sindicalismo victimizado, una reforma pensional que nos brinde mayor cobertura y protección, una reforma laboral con más derechos laborales, una justicia laboral oportuna y  sociológicamente empática con los trabajadores, una tasa de sindicalización similar a los de los países modernos con sindicatos de rama y negociación colectiva con la mayor tasa de cobertura posible.

 

Ya no sirve el sindicalismo atomizado, un sindicalismo ambicioso pero de fueros y garantías sindicales, concentrado en una agenda gremial y de “estómago”, de carteles de tribunales de arbitramento producto del gusaneo de afiliados a otros sindicatos. Tenemos que ser atrevidos, pensarnos lo imposible y luchar por la utopía de que los trabajadores, algún día, alcancemos el poder y dejemos de pensar que un Ministerio, asignado a dedo por la burguesía colombiana, nos va a resolver tantos años de vejámenes y de retrocesos laborales.

 

Necesitamos liderazgo sindical para la paz ... ¡Urgentemente!

 

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EDWIN PALMA EGEA es un habitual columnista de BARRANCABERMEJA VIRTUAL.  Puede ser contactado en el correo electrónico:  Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

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