Barrancabermeja Virtual - Opinión

Sobre la profesora Carolina Sanín y su despido de la Universidad de los Andes.

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Por: Mario Torres Duarte.

 

A los estudiantes de secundaria, que la UNAD me ha asignado este semestre, les he insistido sobre lo fundamental que es aprender matemáticas a través de un eje transversal como es la lúdica. De esta manera les he recomendado desde el ajedrez hasta “chips” para que se diviertan aprendiendo matemáticas y agudizando el pensamiento lógico jugando.   Incluso libros como “Juegos y acertijos para la enseñanza de las matemáticas” o “A jugar con más números” del profesor Bernardo Recamán Santos.

 

También recomiendo páginas web con disímiles juegos virtuales que nos enseñan matemáticas casi sin que nos demos cuenta, superando esa educación mecanizada, tediosa y tortuosa que casi todo el mundo tuvo a la hora de la tiza y el matemático.

 

Las cartas o los naipes son uno de esos juegos antiquísimos que algunos escogen, bien para jugar en grupo o en solitario y aunque no se sabe exactamente si se originaron en Egipto, India o China, lo que es claro es que llegaron a España traídos por los árabes. Animales, dioses, guerreros, príncipes, avatares, flechas, corazones y un interesantísimo etc. hacen parte de los elementos de las cartas.

 

Los matemáticos han desarrollado la teoría de la probabilidad que ha estado desde sus inicios vinculada con los juegos de azar y particularmente con los juegos de las cartas o naipes. En las culturas egipcia, griega y romana era tradición la afición a los juegos de azar como las cartas y de hecho se han encontrado restos de huesos y objetos usados con sentido lúdico y de naipes en todo oriente.

 

Es curioso que el inicio de la Teoría moderna de la Probabilidad se deba al cruce de “cartas” entre B. Pascal (1623–1662) y P. Fermat (1601–1665) después de las preguntas que el segundo le hizo al primero sobre algunos juegos de azar relacionados con el lanzamiento de un dado y a técnicas de reparto de apuestas en partidas inconclusas de cartas.

 

Ahora lean esto que aparece en la revista Semana dicho por la profesora Carolina Sanín:

 

“Ayer en la universidad, antes de clase, vi a unas estudiantes al sol que jugaban a las cartas en una mesita. Creo que en mis 11 años de docencia no había visto una imagen más deprimente de la vida universitaria. Hasta habría preferido verlas encendiéndose a patadas, amamantando un cachorro de plástico, haciendo concurso de eructos, criando animales venenosos para luego metérmelos en la sopa, robando billeteras, tejiéndose chores de lana, rompiendo excusados, 'atarugándose' de comida para luego vomitar, o drogándose. Pero ser joven y jugar al naipe. !La decrepitud!”.

 

De verdad que la ignorancia si que es atrevida y más si proviene de una escritora de literatura.

 

Y se queja la PhD de que la Universidad de los Andes está criando delincuentes, pero con recomendaciones como la de la sobrina de Noemí.

 

Y se queja la “literata” de que los Andes la censuraron cuando censura a estudiantes que se divierten con juegos matemáticos.

 

Debería deprimirse y muchísimo si más bien un día se pilla a sus estudiantes de literatura leyendo a Walter Riso.

 

Al margen de un grupo que ha fustigado a la señora en mención y que por supuesto no comparto, creo que la Universidad de los Andes hizo lo que tenía que hacer y es que por más respeto por la libertad de expresión es muy complicado mantener en su plantilla de profesores a una docente que se le había convertido en toda una “galleta”. Puede que la burguesita que odia Bogotá sea una excelente expositora de literatura en al salón, pero no puede convertir a sus estudiantes en el papel higiénico donde pretende depositar su mierda.

 

El rol del docente no termina en el aula de clase y a mi modo de percibir, no se puede defender semejante recomendación, grotesca por demás, como si el contexto universitario se limitara a las paredes del salón y a la libertad de expresión.

 

Para anarquistas, los de verdad, no de pataletas mal argumentadas así en el fondo le inventen sus defensores un sentido.

 

No es hipocresía ni doble moralismo lo que afirmo. En todo caso para groserías la genialidad de South Park, eso sí no recomendable a niñas y niños bien.

 

Y para libros sobre lo que ella le ha dicho a algunos de sus contradictores sobre por donde los parieron, El Tríptico de Verano de Escobar y Cermeño, otra genialidad no apta para moralistas e hipócritas.

 

PLUS EX:   Lo de Carolina es pura y física ¿o química? burdeganía. Luego dice la Sanín que es el derecho a insultar a los demás. ¿Qué derecho es ese? ¿Dónde se adquirió? y sí, vale, insultemos, pero a quien se lo merece, no con el facilismo fatuo de la profesora, carente de argumentos, hagámoslo con un lenguaje válido para la controversia.

 

Tenemos eso sí derecho a disentir, a contradecir y demás elementos de la polémica, pero ¿qué derecho es ese de decirle a alguien porque no nos gusta "flojo como el esfínter de su madre" o "debe ser que su madre lo parió por el ano". Cree ella en su submundo que eso "es un chiste", "es que no me entienden", "lo digo para decirle a alguien que me vale mierda".

 

Lindas metáforas esas de meterse con la mamá de alguien para insultarla en la más bella condición de una mujer, la de darnos la luz en esta vida. Eso es poner ese derecho en el punto más alto de la asquerosidad, donde se pierde su verdadera dimensión.

 

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MARIO TORRES DUARTE es un habitual columnista de BARRANCABERMEJA VIRTUAL.  Puede ser contactado en el correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

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