Jorge Nuñez

Petróleo y hamaca.

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Por: Jorge Núñez Hernández.

 

Fue delante de mis tres hijos, aún muy chicos, y delante de mi esposa. Caía la tarde, ya las sombras de la noche asomaban en el ambiente. Fue para los días en que gobernaba la ciudad el arquitecto Édgar Cote. Un hombre recio de carácter, empecinado en la consecución de sus metas, ávido de hacer lo mejor por su ciudad. En casa, mis padres, hermanos, esposa e hijos sabían que yo había contribuido con mi tiempo y mi palabra a su logro.  Les había dicho que tenía esperanzas en él.  Pero esa tarde, mi padre, desde la hamaca, donde se encontraba postrado por una hemiplejia, escuchaba una conversación que tenía con mi madre sobre los inconvenientes que surgían para lograr hacer realidad mis aspiraciones. Escuchaba sin mirarnos, tenía sus bellos ojos verdes inundados de ausencia,  sin punto fijo,  tal vez navegando en sus historias,  las nuestras y las mías.

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